
En un artículo publicado en el diario estadounidense The Hill, Jorge Recharte, investigador y ex director del Instituto de Montaña, advierte sobre los riesgos asociados al retroceso de los glaciares y la urgencia de tomar medidas preventivas. El caso de la laguna Palcacocha, en Ancash, evidencia la importancia de actuar antes de que ocurra una catástrofe.
Las recientes catástrofes en las montañas de Nepal han vuelto a poner en evidencia los graves riesgos que enfrentan las comunidades de alta montaña en un contexto de cambio climático. El retroceso de los glaciares, la inestabilidad de las laderas y la formación de lagunas glaciares pueden desencadenar inundaciones repentinas y flujos de agua, lodo y rocas capaces de destruir viviendas, infraestructura y medios de vida en cuestión de minutos.
Aunque estos eventos ocurren a miles de kilómetros de distancia, sus causas y consecuencias representan una alerta para el Perú. En los Andes, el retroceso glaciar también está transformando el paisaje y generando condiciones que pueden incrementar el riesgo de aluviones, especialmente en territorios donde las poblaciones se encuentran aguas abajo de lagunas glaciares.
En su artículo de opinión publicado en The Hill, “Nepal’s catastrophic flooding is a red alert for the world’s mountain towns”, Jorge Recharte Bullard, investigador y exdirector del Instituto de Montaña, llama la atención sobre la necesidad de anticiparse a estos desastres y priorizar medidas concretas de prevención.
Uno de los casos que destaca es el de la laguna Palcacocha, ubicada en la región Áncash, por encima de la ciudad de Huaraz. El crecimiento de esta laguna, alimentada por el agua proveniente del deshielo glaciar, representa un riesgo para las poblaciones asentadas aguas abajo. Según advierte Recharte, alrededor de 100 mil personas viven en la zona potencialmente expuesta a una eventual descarga de agua que podría desencadenar un aluvión.
Pero el riesgo no se limita a Áncash. De acuerdo con la Evaluación Nacional de Lagunas Glaciares con Riesgo de Desborde 2024, elaborada por el Instituto Nacional de Investigación en Glaciares y Ecosistemas de Montaña (INAIGEM), el Perú cuenta con 528 lagunas glaciares identificadas con riesgo de desborde, de las cuales 58 presentan un nivel de riesgo muy alto. Estas lagunas se distribuyen en ocho departamentos, entre ellos Áncash, Cusco, Lima, Puno, Junín y Huánuco. Estas cifras evidencian la necesidad de fortalecer el monitoreo, la planificación territorial y las medidas de prevención para reducir la exposición de las poblaciones ante posibles inundaciones y aluviones de origen glaciar.
El artículo también señala que, si bien se han impulsado iniciativas como la implementación de sistemas de alerta temprana, la prevención requiere ir más allá de alertar a la población. Es fundamental avanzar en medidas de reducción del riesgo, respaldadas por decisiones políticas, capacidades técnicas, financiamiento y coordinación entre las instituciones responsables.
La experiencia de Nepal demuestra que los peligros asociados a los cambios en los ecosistemas de montaña no pueden abordarse únicamente cuando ocurre una emergencia. En el Perú, donde numerosas comunidades dependen de estos ecosistemas y conviven con los riesgos asociados al retroceso glaciar, es necesario fortalecer la gestión preventiva, invertir en soluciones viables y asegurar que las poblaciones expuestas participen en las decisiones que afectan su seguridad.
Actuar a tiempo puede marcar la diferencia entre una amenaza anunciada y una catástrofe. Como plantea Recharte, la atención y los recursos que se movilizan después de un desastre deberían convertirse en acciones concretas para prevenirlo y proteger vidas.